Crecí entre la arcilla y las parras torcidas
Sube el alma blanca de fuego encendido,
por el ojo de una chimenea.
Nací entre el adobe cálido,
bajo las tejas vigilantes del sereno.
Se abrió la grieta y se partió el adobe
entre escombros, el gemido de las tejas doradas
me hicieron alzar el pincel...
Viven los trazos, brotan los latidos de los cuadros vivos,
de esos que hablan y danzan...
quien tenga algo que decir,
susurre a mi oído, que yo le pintare una ilusión.




